La cantera es la única vía de subsistencia de la Unión Deportiva Las Palmas, porque la Unión Deportiva no puede pujar por la compra de jugadores foráneos para fortalecer los puntos débiles. Hay que dar por buena la filosofía de adquirir futbolistas a coste cero, que, en cierto modo, es adquirir lo menos bueno que está en el mercado y, a veces, de inferior calidad a lo que hay en la despensa amarilla.
Tiene la Unión Deportiva Las Palmas una estructura de filiales muy amplia, que prácticamente es una selección regional, pues en ella están los mejores valores del archipiélago. En este sentido, la captación de valores de otros clubes debería ser orientada a incorporar, sin duda, a los mejores, sino, además, tratar de «fabricar» jugadores para las demarcaciones que en el primer equipo no están bien apuntaladas. Así pues, una Factoría como la amarilla debería proporcionar al primer equipo, como mínimo, un valor. De no ser así, se podría hablar de fracaso.
Entre el primer equipo y Las Palmas Atlético hay tres peldaños, porque ambos equipos siguieron caminos contrapuestos. Uno ascendió de categoría, a la máxima categoría del fútbol español, mientras que el otro equipo, el filial, perdió su lugar en 2ª B. El salto de un jugador del filial al primer equipo se convierte ahora en una tarea complicada por varias razones. Una, pasar a jugar en un campo de caucho, irregular, peligroso para las lesiones, donde no se puede hacer fútbol creativo, a pisar campos de Primera División con un césped en consonancia con la categoría. Dos, el canterano que sube no posee el ritmo de juego que se exhibe en 1ª División. Tres, pisar el Sánchez Pizjuán, Mestalla, Nou Camp y el Santiago Bernabeu, impone. Por esas y quizás más razones, la entrada en el primer equipo de jugadores del filial, como es ahora el caso de Nili Perdomo, puede suponer la gloria o el fracaso. Si las cosas salen bien, el jugador podrá ir creciendo poco a poco. Pero se corre el riesgo de que el tremendismo crucifique al futbolista por una tarde o una jugada desafortunada. Porque aquí idolatramos a los que vienen de fuera, jugadores profesionales, pero crucificamos a los de la tierra, que son semi-profesionales pero que dan el alma y el cuerpo por jugar en el primer equipo. Basta recordar a Asdrúbal Padrón. ¿Qué tiene que poner más en el campo Asdrúbal para que se pueda con él? Como revulsivo, ha demostrado en muchas ocasiones que es el futbolista idóneo para ese cometido. Y el partido de hoy exige jugadores con carácter, con temperamento, un incordio para las defensas rivales.