Engancharse al carro…

Las dos victorias consecutivas de la Unión Deportiva Las Palmas, victorias concluyentes, dos a cuatro frente al Valencia y 5 a 1 contra el Granada, han aupado al equipo amarillo al primer lugar de la tabla de LaLiga de las Estrellas, hará que muchos detractores se enganchen ahora al carro de los triunfos. Y hay que considerarlo normal porque cuando toca disfrutar hay que celebrarlo, de la misma manera de que cuando vengan rachas malas, tendremos que saber capear el temporal. Sin embargo, navegando por las redes, nos encontramos aún a «tipos» como De Chamán, don Pepito de La Laguna, Poderoso, Mariscal de Arona y algún otro más que vierten su odio con improperios y vaticinios de muy mal gusto. No se debe cercenar la libertad de expresión, pero estos «tipos» deberían ser «deportados». La primera plaza puede que sea algo anecdótico. Durará más, o durará menos, pero «que nos quiten lo bailado».                                                                            Analizando un poco el encuentro frente al cuadro nazarí, hemos visto con satisfacción que jugadas iniciadas desde atrás, des el portero, culminan en gol. Hemos visto como al saque de banda se le otorga otro sentido, rápido y vertical hacia la línea de fondo. Hemos visto la progresión enorme de Vicente Gómez, de Roque Mesa y de un  pequeño gigante: Jonathan Viera. Pero, ¿qué me pueden decir de David García? En el pasado, durante la égida por la Segunda División, criticábamos el juego en largo, sin sentido, del de Maspalomas. En Primera División David García se ha transformado en un excelente central, que saca el balón con criterio.                                                                                                                                 Anoche jugamos frente a un equipo andaluz. En el horizonte nos mediremos a otros dos equipos de esa región: Sevilla C.F. en el Sánchez Pizjuán y Málaga C.F. en el Gran Canaria. Creo que seguiremos disfrutando, pero, como dicen en Italia, piano, piano. Sin prisas, pero sin pausa, con los pies en el suelo. Hay que desterrar una euforia desmedida, pero la ilusión no nos la puede quitar nadie. La  incógnita es: ¿el parón beneficiará o perjudicará?

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