Un idealista como míster

No hay la menor duda de que el preparador de la UD Las Palmas es un idealista que muere por sus ideas, según propia confesión. Nadie por esos lares está en contra de la manera de interpretar el fútbol como lo está haciendo el equipo amarillo. Sin embargo, estos ideales no deben llevarse a rajatabla, cuando hay circunstancias que aconsejan otro tipo de juego. El portero debe iniciar la jugada, con el pie o con la mano, hacia un compañero que esté libre de marca. Lo contrario, como ocurrió anoche, es convertir una acción de ataque, en un resultado adverso. Poco hizo la Real Sociedad, en cuanto a ocasiones de gol se refiere. Solo aprovechar el regalo. No reprocho nada al arquero amarillo. Solo que cuando se adopta esta forma de iniciar el juego, hay que estar muy listos para dar el cuero a un compañero que esté en situación comprometida. Sin duda de ningún género, el marcador pudo haber sido dos o tres a cero. Pero Rulli estaba tocado anoche por una varita mágica. Hasta siete intervenciones abortadas con el pie unas veces, la puntera otras, y una con la rodilla. Ha fallado el informador, son varios, que emitió informe sobre la Real Sociedad, al omitir que Rulli se echa al suelo y alarga sus pies y sus manos para achicar espacios. La contrapartida a los disparos por bajo hubiese sido usar la vaselina o el disparo de abajo a arriba. La situación se va complicando. No quisiera oir las manidas frases, como «todavía queda tiempo» o «esto lo arreglamos nosotros» o «cuando entre el primer gol seguirán muchos». El calendario va a ser cruel porque hay que ganar cinco partidos y no esperar a sellar las permanencia en las últimas jornadas.

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