Se esperaba un ambiente hostil en el encuentro Sevilla F.C. y Unión Deportiva Las Palmas, porque el ambiente se había calentado en la ciudad hispalense por el denominado «caso Vitolo». Entraba dentro de lo previsto un ambiente enardecido en las gradas y de tensión en el campo. En cambio, los límites de lo tolerable fue ampliamente superado. El protocolario saludo de jugadores fue un acto de hipocresía porque a los 22 segundos de iniciarse el choque, Vitolo pegado a la banda, con el balón en sus pies, recibe una escandalosa entrada por parte de Mercado que se ve que va directamente a hacer daño al jugador. El árbitro no se atreve a amonestar al futbolista local, quizás por el descomunal griterío de los aficionados. Sin embargo, tiene los santos bemoles de amonestar a David García que acudió al lugar de la falta para protestar en su función de capitán del equipo amarillo. Este segundo 22 del partido marca el devenir del juego porque el árbitro establece una bula para los hispalenses, que supone una burla para el equipo canario. Sabe el Sevilla que podrá apelar al juego sucio, subterráneo, marrullero, porque el colegiado va a ser permisivo. De hecho, el Sevilla es sancionado con 24 faltas y solo dos tarjetas, mientras que la UD Las Palmas incurre solo en 8 faltas y recibe el mismo número de tarjetas.. En realidad hablamos de faltas sancionadas, no faltas cometidas, que pasaron de la treintena, algo así como una falta cada tres minutos. Se ha comentado que el equipo amarillo no llegaba al área, no disparaba a puerta. Es cierto, pero hay que analizar minuciosamente el desarrollo del juego para comprender que cada prolongación en ataque era abortada con faltas, faltas y más faltas, sin aplicar el árbitro la amonestación por reiteración.
Este estilo de juego, de jugar al límite del Reglamento o, incluso rebasar en algunos casos esa línea, hace mucho daño al fútbol. Choca de manera frontal con los mensajes de la FIFA, como «respect y fair play», respeto y juego limpio.
Hace muchos años se hablaba de la escuela andaluza, de un fútbol exquisito, técnico. ¿Por qué este cambio en el Sevilla? Quizás aún perdura el paso y la influencia que dejó el ginecólogo y preparador Carlos Salvador Bilardo, quien llevaba marcada en la frente el cuño de la trampa. No es esta una afirmación de mi cosecha particular. Se puede encontrar en Wilkipedia. En un encuentro entre el Sevilla y el Deportivo de La Coruña, un futbolista gallego cayó al suelo, se hizo una brecha en la frente, emanando mucha sangre. El masajista del Sevilla acudió rápido en su auxilio y Bilardo, enardecido le gritó: «písalo, písalo». En un lance similar, se dice que gritó «al enemigo, ni agua». Para él, el rival era un enemigo. En su época de futbolista de Estudiantes de La Plata llegó a camuflar alfileres en su atuendo para pinchar a sus rivales para sacar provecho. Hay en youtube una entrevista en la que niega esta práctica, pero en otra posterior admite el uso de los alfileres, pero añade que «en esa época no había SIDA». Patético. Los futbolistas de Estudiantes se enteraban del nombre de pila del portero rival y cuando había un corner le espetaban: «Tú, aquí de arquero y tu mujer en la cama con otro». Todo valía para hacer daño al rival, para desconcertar. Quien quiera conocer algo más de este personaje, puede entrar en Wilkipedia. Entiendo que una cosa es la pillería, de sacar muy rápido una falta y otra cosa es ser execrable, utilizando métodos antideportivos.
Quizás algo queda en el Sevilla de ese bilardismo, pues no se puede entender la manera de comportarse este equipo de una manera tan grosera, en el campo, en las gradas, una parte de la afición indecente y un Presidente que anoche manifestaba que el comportamiento de la afición fue excelente. Así se escribe la historia…