Garra, amor propio

La UD Las Palmas no es un equipo con ambición, siendo eso que ahora se llama «pelotero» o «jugón». Hace años que no acaricia el cuero. Esa falta de ambición se manifiesta desde los primeros segundos de cada encuentro, ya que, cuando hace el saque de centro, el balón va hacia un defensor y éste, sea Eric Curbelo o Aythami Artiles (porque siempre el balón va al central zurdo) el balón es despejado hacia el área contraria, a ver qué pasa, qué sucede. Se regala el balón al equipo rival. No creo que sea esta una estrategia que se entrena.

Discrepo de muchos comentarios sobre los excelentes 60 minutos disputados anoche. No me vale ese argumento cuando se desperdiciaron 30 minutos. Es ese otro mal endémico de este club. Nunca sale en tromba para sorprender al rival. Sale como a estudiar la actitud del rival, como si hoy en día no se sepa todo, de todos.

Ayer hubo jugadores que jugaron al paso, literalmente, porque incluso se pararon. Exigía el partido mucho movimiento, mucha velocidad en la circulación del balón para poder desarmar a un equipo muy bien trabajado, compacto, que jugaba muy vertical, con la idea de aproximarse rápidamente al área de su opositor. La UD Las Palmas, por el contrario, exageraba el juego en horizontal, entre los dos centrales y de retroceso continuo hacia el guardameta. No conseguía ligar una jugada elaborada y sigo sin entender cómo se fallan pases aparentemente muy fáciles. El gol se produjo cuando el balón circuló entre siete y ocho futbolistas amarillos.

La sangría de puntos perdidos en casa es la causa de que no estemos encaramados en las primeras posiciones de la tabla. Oí decir, hace mucho tiempo a un erudito del fútbol que las ligas se ganan a domicilio y se pierden en el campo propio.

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